Por Cici Rivas
Doula, Coach de Crianza  y Conferencista
Cuando ves a alguien por tanto tiempo es normal que creas que lo conoces bien. Incluso decimos frases como “ lo conozco como como la palma de mi mano”. Eso nos hace sentir que estamos en control de la relación, porque nos han dicho que la información es poder. ¿Verdad?

Este viejo paradigma se ha apropiado de tu trabajo como mamá y papá, crees que como ves a diario a tus hijos, los conoces. El problema con estas creencias es que los estás viendo con unos lentes que limitan tu visión real y que, más aún, impiden que veas qué necesitan de ti.

Los estás viendo pensando que son obras en proceso, imperfectos y que necesitan ser modificados para convertirse en las “personas de bien” que has soñado.

Ese trabajo suena muy cansado, interminable y un poco tortuoso.  Hacen que realmente los años de la crianza se conviertan en un proceso complejo del que a menudo sales agotad@ y con muchas dudas.

El tiempo que llevo dando los talleres YoMamá y YoPapá, una de las cosas que más se repite grupo tras grupo es esta aparente necesidad que tenemos como padres de sentir que alguien nos da “permiso” para hacer lo que el corazón dicta.

Estamos tan bombardeados por el miedo y el ruido, que entrar a ese espacio auténtico donde las respuestas se revelan, parece algo imposible.

Cuando los padres están dispuestos a contemplar a sus hijos sin juicio y con interés auténtico de servir, poco a poco la sabiduría brota. Comienzan a tener más claridad  y contundencia al decir “NO”, más libertad al decir “te amo”, más responsabilidad al decir “lo siento”, más gozo al verlos crecer, más convicción al llamarse “papá o mamá” y más serenidad ante los desafíos.

El camino de ser padres conscientes es uno de valientes. Consiste en voltearse a ver abiertamente, para entonces, poder ver por primera vez el alma de nuestros hijos.

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